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¿Qué es el conocimiento? - Fundamentos constructivistas para pensar la enseñanza y el aprendizaje desde el enfoque docente

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¿Qué es el conocimiento?


Conocimiento, aprendizaje, enseñanza... podríamos decir que estos tres elementos siguen la misma corriente y están relacionados entre si, y ello, no escapa de la realidad, pero la pregunta es, de dónde nace, de dónde viene o como se construye el conocimiento.

En el marco de la Teoría Constructivista, el conocimiento no es externo al individuo ni hermético, sino: “…el conocimiento es una fundación de cómo el individuo crea significados a partir de sus propias experiencias” (Díaz, 2002).

La estructura cognitiva de los sujetos, en interacción con los objetos del mundo externo, acomoda y asimila significados en la medida en que esto le produce beneficios explicativos, de resolución de problemas o de mayor validez de un conocimiento.
Aquello que podemos conocer nace de las interpretaciones individuales de las experiencias humanas y de la interacción de éstas. En otras palabras: los humanos crean significados, no los adquieren.

Los significados están permanentemente abiertos al cambio. Las representaciones individuales son esquemas provisionales que son puestos a prueba en cada interacción.
El motor de ese cambio y de la construcción de nuevos conocimientos tiene su fuerte en la exploración y en la manipulación activa, tanto de objetos como de ideas.
En estos postulados se basan muchas experiencias educativas con fundamentos constructivistas que recomiendan el trabajo colaborativo.

Esta concepción no anula la posición del docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El foco se modifica respecto de concepciones más tradicionales de enseñanza ya que el aprendizaje pasa a ser responsabilidad del estudiante, mientras que el trabajo docente se ubica en un rol mediador.

En esto concurren Lara Guerrero y sus colaboradores (1997) cuando proponen que "en el modelo constructivista, el profesor es mediador del aprendizaje en dos sentidos: (…) guiando y estructurando el aprendizaje de común acuerdo con el estudiante y (…) construyéndole y ofreciéndole un material significativo."

A nivel de las actividades educativas, Weinstein y Mayer (1986), distinguen dos tipos de objetivos: por un lado aquellos referidos a lo que un estudiante debe saber como resultado de aprendizaje, a los contenidos; por otro lado los que se enfocan en las técnicas y estrategias que los estudiantes llevan adelante para concretar su aprendizaje, en los procesos de aprendizaje.

Es la interacción docente-estudiante la que debemos tener presente en cualquier discusión sobre estrategias de enseñanza y estrategias de aprendizaje. Si bien son dos actividades separadas, no puede entenderse una sin la otra.
En esta línea, el conocimiento no puede ser transmitido directamente pero sí indirectamente, a través de la activación voluntaria de determinados procesos cognitivos y la búsqueda constante de la construcción activa por parte del estudiante.

Lo que todos queremos, de una forma u otra, es lograr aprendices:
  • Autónomos: para poder dirigir su voluntad hacia el aprendizaje.
  • Independientes: para que puedan llevarlo adelante prescindiendo del docente particular.
  • Autorregulados: para que puedan ir haciendo las modificaciones necesarias para lograrlo con éxito.

El aprendizaje significativo:

Un aprendizaje de este tipo requiere una disposición voluntaria y consciente hacia el aprendizaje, sostenida en una variedad de estrategias que requieren ser fortalecidas.

El docente no disminuye en importancia sino que funciona como un facilitador, que tiene en cuenta la estructura cognitiva de sus estudiantes para diagnosticar, planificar, ejecutar y evaluar sus intervenciones. Interviene en un proceso dinámico entre el sujeto que aprende, su entorno y su restructuración de conocimientos.

Para favorecer los aprendizajes, el docente es quien orienta a sus estudiantes en la adquisición y utilización de estrategias adecuadas. Para este enfoque son de gran importancia las habilidades metacognitivas, mediante las cuales el sujeto explicita lo que sabe y lo que no. Así se posibilita la conexión entre lo que es nuevo y lo que ya es familiar, y se facilita la comprensión.

Lo que permite esa conexión, son lo que Ausubel llama conceptos integradores. En la medida en que los estudiantes avancen y requieran de sus estrategias de aprendizaje, se regirán por tres principios (Díaz Barriga, 1999):

Principio de agencia: no es igual un aprendizaje accidental que uno intencional. El papel activo del agente involucra la toma de conciencia y acciones autodirigidas para la optimización de los aprendizajes.

Propósito de aprender: entendiendo el aprendizaje como proceso cognitivo diferenciado de otros (como la percepción, el reconocimiento). Puede cambiar según contextos y situaciones, siempre que se tenga conciencia de que hay que actuar en forma diferente y que se requiere de esfuerzos y recursos diferentes para adecuarse a cada escenario.

Principio de instrumentalidad: para el propósito de aprender, hay que coordinar medios y recursos para conseguirlo. Esos medios son las estrategias, que se seleccionarán de acuerdo a su eficacia y eficiencia, teniendo en cuenta el esfuerzo que exigen y los beneficios que aportan para mejorar los aprendizajes.



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