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HISTORIA DEL EMPRENDIMIENTO E INICIATIVAS EMPRESARIALES

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Las iniciativas empresariales tienen mucho que ofrecer a todos aquellos que tengan la pasión y la dedicación para comenzar un emprendimiento  y mantenerlo en marcha. Para ser un emprendedor exitoso, se necesita ser consciente   con   nuestras    propias    pasiones,   motivaciones,   habilidades  y objetivos, y debemos saber qué áreas necesitan mejorar o desarrollar. Así,  en  un   principio,   podremos  alinear   nuestras habilidades   y   deseos   con   nuestro proyecto o idea emprendedora. Para ello es importante conocer las principales claves para emprender un negocio exitoso, tales como identificar los problemas que nuestra idea podrà solucionar en el mercado ante una carencia o necesidad, identificar nuestras ventajas competitivas, conocer el tamaño real de nuestro mercado, planificar las actividades de marketing a desarrollar en medios tradicionales (si justifica) y las no tradicionales (que suponemos seràn las mas usadas) y analizar tu flujo de efectivo y recuperaciòn de capital de inversiòn.

Nuestra definición y comprensión de las iniciativas empresariales han evolucionado con los años y siguen haciéndolo en términos de enfoque y alcance. En términos generales, definimos la iniciativa empresarial como la búsqueda de una oportunidad independientemente de los recursos con los que cuente el emprendedor en ese momento.

¿Que significa ser emprededor?

Podemos decir que un emprendedor es una persona que identifica una oportunidad y que, a continuación, adquiere los recursos necesarios para transformar esa oportunidad en un emprendimiento.

Esta es la noción de iniciativa empresarial en la actualidad.
Sin embargo, el concepto ha sido objeto de un proceso de transformación desde sus raíces en  los últimos 500 años.

Origen del emprendimiento

La palabra emprendedor está estrechamente relacionada con el vocablo entrepreneur, que proviene de la palabra enterprise, y que tiene su raíz en el latín del siglo XV, de las palabras entre y prehendere, que significan “entre” y “tomar, asir”, respectivamente. Luego, la palabra enterprise ingresó al francés y se convirtió en entreprendre, que significa “emprender”. De  allí, la palabra evolucionó  y se convirtió  en entrepreneur.

En 1755, el economista francés Richard Cantillon (en Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general) fue una de las primeras personas en definir a un emprendedor en un sentido comercial como alguien que utiliza el juicio comercial para abordar un emprendimiento comercial dificultoso. Los aspectos clave de la definición de Cantillon son las ideas de que este emprendimiento comercial tenía resultados inciertos y que el emprendedor estaba motivado por beneficios personales. Ambas características han sobrevivido hasta nuestra idea moderna de lo que son las iniciativas empresariales. Adam Smith, el filósofo y economista escocés, hizo su aporte a la definición de Cantillon al agregar la idea de que un emprendedor es alguien que acumula capital y es un agente del progreso.
A mediados del siglo XIX, la palabra entrepreneur estaba fuertemente arraigada en el inglés comercial. Por esta época, el matemático alemán, Hans von Magoldt, amplió la idea para incluir un elemento de riesgo; según su entender, el riesgo era parte esencial del concepto. A principios del siglo XX, Joseph A. Schumpeter, un economista austriaco, sugirió que los elementos clave de las iniciativas empresariales eran la innovación, la visión y la creatividad.

Los expertos y profesionales continuaron refinando el concepto y, a principios del siglo XX, un emprendedor era alguien que empleaba su juicio comercial en una empresa con resultados inciertos, acumulaba capital, tomaba riesgos, y era innovador   y creativo. Algunos creen que para ser verdaderamente emprendedor, una persona debe crear algo totalmente innovador, como un producto, una industria o un mercado  nuevos, o identificar y atender necesidades que actualmente no están cubiertas.

En los tiempos modernos, la definición de iniciativa empresarial se ha ampliado para describir a un emprendedor como alguien que pone en marcha un emprendimiento comercial, como desarrollar y vender un nuevo producto o que establece una pequeña empresa contable en el centro de una metrópoli, y alguien que funda una organización sin fines de lucro diseñada para atender inquietudes sociales o problemas comunitarios.

En la actualidad no hay una única definición aceptada universalmente de la palabra emprendedor. Para algunas personas, basta con ser propietario u operador de una empresa. Para otros, para quedar enmarcado apropiadamente en la definición de emprendedor, el propietario del negocio debe ser también el fundador. El hilo conductor que atraviesa las definiciones es el concepto de creación de valor, por ejemplo, valor económico para el emprendedor o valor social para la comunidad. La Tabla 1-1 enumera varias iniciativas empresariales exitosas del siglo XXI, cada una de las cuales ha creado valor como emprendimiento rentable para el fundador o como recurso benéfico para la comunidad.

Metas y objetivos de una iniciativa empresarial

Las  metas  de una iniciativa empresarial son crear un nuevo emprendimiento  y crear valor de algún tipo, ya sea social, intelectual o financiero.

Los emprendedores comerciales son los que a menudo nos vienen a la mente al pensar en una iniciativa empresarial. Sus metas son crear empresas viables y crear valor, normalmente en forma de valor financiero. Un emprendedor comercial puede elegir crear una empresa tecnológica con la meta de generar grandes ganancias, un crecimiento rápido y vender la empresa a otra sociedad. Otro emprendedor comercial puede elegir crear una pequeña empresa con la meta de crecer muy lentamente y generar un ingreso para uso propio.

Los emprendedores sociales son personas que buscan crear valor no financiero, por ejemplo, al entregar productos o servicios a una comunidad que los necesita. Las personas utilizan el proceso emprendedor para poner en marcha emprendimientos sin fines de lucro o crear valor social de algún otro modo. Los objetivos no son necesariamente ganar dinero o generar utilidades; a menudo, la meta es crear un cambio en la sociedad y otras metas no financieras específicas. Estos emprendedores buscan crear organizaciones con misiones sólidas y bien definidas, y operar dentro de una estructura que les permita atraer financiación de personas que creen en la misión.

Los intrapreneurs son personas que buscan crear nuevos productos o servicios a partir de una organización existente. Estas personas a menudo trabajan con el apoyo de la organización y su objetivo es generar utilidades para la empresa en general.
Los emprendedores híbridos son personas que buscan crear organizaciones que tienen metas financieras  y no  financieras, como  prestar un servicio a  una comunidad y crear un valor financiero para los propietarios e inversores.




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